Hace unos meses, y gracias a la ley de la Memoria Histórica, inicie los trámites para pedir una Declaración de Reparación y de Reconocimiento Personal de mi abuelo, Miguel Caperos Aragón, fusilado el 24 de noviembre de 1936 en La Barranca de Lardero, por el único hecho de haber sido concejal del PSOE en Casalarreina en tiempos de la II República, donde, paradojas de vida, ahora su nieto, que esto escribe, es Alcalde del mismo pueblo (guiños de la Historia).
Que el Estado español, y en su nombre el Ministro de Justicia, hayan sido capaces de hacer feliz al único hijo que queda vivo de Miguel Caperos: mi tio José Caperos, de 78 años, (por cierto, "niño de la guerra" evacuado de Bilbao en 1937 a Francia junto su hermano de tres años, mi difunto padre, Emiliano Caperos) ha supuesto una enorme alegría para todos nosotros. Pero no sólo hará feliz a mi tio, o a los nietos de Miguel Caperos, como quien esto escribe, hará felices a mucha gente de bien. Es difícil explicarse, pero sé que es fácil comprenderlo. Es de justicia.
Dice así:
"El Ministro de Justicia del Gobierno de España
Habiendo quedado acreditado que D. Miguel Caperos Aragón padeció persecución y violencia por razones políticas e ideológicas, fue injustamente detenido e ingresado el 16 de noviembre de 1936 en la prisión provincial de Logroño a disposición del Gobernador Civil, siendo entregado a las fuerzas de asalto para su ejecución, ocurrida en Lardero el día 24 de noviembre de 1936, y
Visto que D. Miguel Caperos Aragón, tiene derecho a obtener la reparación moral que contempla la Ley, mediante la cual la Democracia española honra a quienes injustamente padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura,
EXPIDE en su favor la presente DECLARACIÓN DE REPARACIÓN Y RECONOCIMIENTO PERSONAL, en virtud de lo dispuesto en el párrafo 1 del artículo 4 de la citada Ley.
En Madrid, a veintinueve de marzo de 2010. Francisco Caamaño Domínguez"















